Hace mucho tiempo que sabemos, por experiencia, que solo se aprende a través de la práctica. Es un hecho que se comprueba en cualquier espacio de aprendizaje durante vuestra vida diaria: en un campo de deportes, en un taller, manejando un dispositivo móvil. Sin embargo, nos cuesta mucho hacerlo realidad en la escuela.
Recuperemos el hilo de nuestro diálogo anterior: ¿Cuáles son los problemas de nuestro tiempo, que vale la pena afrontar, porque forman parte de nuestra vida? El cambio climático. La destrucción de nuestro entorno natural. Una economía que nos permita vivir con dignidad. Las expectativas de una vida feliz, sana y plena en nuestro país. La situación de millones de refugiados, la mitad de los cuales son niñas y niños.
Etc.
¿Cómo podemos afrontar retos, hacernos preguntas, plantearnos problemas y resolverlos de forma práctica?
¿Tendrá valor lo que trabajemos y aprendamos para otras personas: nuestro producto final?
Para organizar del mejor modo posible un proyecto de aprendizaje, llevamos décadas investigando y experimentando sobre un método.
¿Por qué no seguirlo y adaptarlo a nuestros propios planteamientos y problemas?
Durante la enseñanza primaria, hemos seguido los raíles del tren de la educación con la confianza de una niña o de un niño que se deja llevar.
La enseñanza secundaria continúa el viaje emprendido por el País de la Vida. Ahora bien, nos empieza a preocupar y a interesar hacia dónde viajamos y, sobre todo, por dónde queremos pasar. A lo largo de los próximos años tomarás muchas decisiones, como resultado de plantearse preguntas, afrontar retos y resolver problemas.
¿Te han enseñado a hacerte preguntas y a tomar decisiones?
A lo mejor lo han hecho tus maestras o tus padres, pero no parecía lo más importante. Puede que pasara desapercibido mientras memorizabas el tema que tocaba, hacías ejercicios, llevabas o no llevabas los deberes hechos.
¿Qué significa ser responsable?
Quizá no nos hayamos dado cuenta, pero cada vez nos piden un poquito más de responsabilidad.
"Responsabilidad" o "ser responsable" procede del latín y significa ser capaz de responder.
¿A qué preguntas hay que responder? ¿Quién hace las preguntas?
Es casi imposible responder a preguntas que no te hayas planteado previamente. No se puede reproducir mecánicamente una respuesta a una pregunta desconocida. Imagina a tu madre o a tu padre preguntando, precisamente, si te has planteado el problema: "¿No tienes nada que decirme?" o "¿Te has dado cuenta de lo que has hecho?".
Qué angustia.
Si respondo: "No sé de qué me hablas", solo estoy aplazando la necesidad y el placer de plantearme las preguntas, razonar las respuestas y ponerme, de una vez por todas, a la altura de una persona adulta.
¿Qué preguntas tengo que (y puedo, soy capaz de) preguntarme? ¿Qué problemas urgen a mi familia, a mi pueblo, a este país, a la humanidad y al planeta del que formamos parte responsable? ¿Qué retos voy a afrontar? ¿Qué cuestiones van a condicionar mi vida?
¿Puedo responder solo, en solitario, a solas? ¿Puedo responder con la ayuda y la colaboración de otros próximos? ¿Quién, cómo?
"Los libros" pueden ayudarnos. Pero también las lecturas que hacemos en Internet.
"Las redes sociales" pueden ayudarnos. Pero también la gente que nos rodea, si aprendemos a trabajar en equipo.
Y ahora, puedo plantearme de nuevo la pregunta: ¿Para qué sirve la escuela?